
Como si la tragicomedia de una realidad se volcase en la misma vida de un hombre, que elevado en todos sus sentidos tuvo que padecer la perdida de uno, cosa que no le negó en su afán de gran escritor, continuar su culturización.
Hablamos hoy del excelentísimo Borges, padre por todos los años de una literatura llena de lo subjetivo, de retórica y verdadera historia.
Heredada de su padre como problema de los genes el ensayista y literario nacido en Buenos Aires padeció una ceguera congénita que con el pasar de más de medio siglo la vista le quito.
Expectantes todos cuando el declarase: “ironía la mía de estar sentado en el centro de mi biblioteca con mas de nueve mil volúmenes en todos los idiomas y no alcanzo siquiera a distinguir la tapa”.
Pero con gran inmortalidad el hombre supo echar en hombros una carga de lo mas pesada y aunque los ojos no le sirviesen pedía que a voz en alto leyeran para el. No dejo de aprender, narrar ni contar hasta su muerte en Ginebra, lleno de flagelos aun así el magnánimo continuo y seguramente aun lo hace mas halla de la existencia terrenal.
